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Mis inicios en el kartismo: una casualidad que cambió mi vida

Nací en la Cd. de México en 1976 y mis primeros años de vida los viví en Polanco. Tuve la fortuna de estudiar en el Instituto Hamilton y después en The American School Foundation, pero la mejor enseñanza defnitivamente la obtuve de mis padres. Ambos fueron personas muy trabajadoras. Nunca voy a olvidar su esfuerzo, dedicación y disciplina.

Aprendí a enfocarme para lograr mis metas, a ser ordenado y disciplinado, reforzado por las prácticas del deporte y atletismo estudiantil. Mi educación primaria y secundaria fueron sólidas y de calidad, pero la preparatoria fue interrumpida cuando nos mudamos a Guadalajara por situaciones económicas de la familia durante la crisis de los 90’s.

Durante un viaje familiar a San Diego, California para visitar a uno de mis hermanos, conocí a un comerciante norteamericano que quería vender relojes fnos y joyería de oro en México. Yo sabía hablar inglés, era joven y tenía la necesidad de apoyar en los gastos de la casa, así que le ofrecí mi ayuda y sin plena consciencia inicié mi primera sociedad comercial.

Viajé a su lado por todo México comprando y vendiendo relojes y joyería fna, un tour itinerante en el que aprendí mucho sobre cómo hacer negocio y tratar al cliente.

Por ahí del 2000, a mis 24 años, había resuelto mis necesidades económicas y apoyaba plenamente a mis padres, pero ansiaba aventurarme a nuevos retos. Un día, mientras estaba en Guadalajara, vendí un automóvil a unas personas y me ofrecieron pagar una parte en especie: ¡Con dos Go-Karts!

¡Por supuesto que acepté! Eran go-karts shifters con motor de 125 cm cúbicos de dos tiempos, con 42 caballos de fuerza y un peso de 100 kilos cada uno.

Mis ganas por vivir una nueva experiencia eran inmensas. Empecé a imaginarme la velocidad, el aire en mi cara, la adrenalina por mi cuerpo y la posibilidad de competir contra otros pilotos.

Sólo había un pequeñísimo problema: No sabía NADA sobre el kartismo, ni era piloto. Pero así, sin saber nada del deporte, subí mi nuevo go-kart en mi pick-up y junto con mi mascota (que luego les contaré de ella) nos dirigimos al campeonato nacional en Guadalajara. No para competir…sino para pedir consejo. Por algo se empieza, ¿no?

Una nueva profesión: mis años como piloto

Por ser el hijo menor, aprendí a no depender de nadie y que si quería algo, tenía que luchar por conseguirlo, a enfocarme en la meta y no desistir hasta lograrlo. Aprendí también que nunca está de más pedir consejo. Bien dice el dicho: “si quieres llegar rápido ve solo, pero si quieres llegar lejos, ve acompañado” . Mi nuevo objetivo era claro: aventurarme en el mundo del automovilismo profesional.

Llegué a la carrera de Go-Karts en Guadalajara y pregunté qué tenía que hacer para poder correr. Algunas personas me dieron gasolina y otros me indicaron el camino para las inscripciones. Me inscribí en la carrera de principiantes, en la Categoría B. Para mi sorpresa y la de otros, quedé en el lugar 10 de 25 posiciones. Nada mal, ¿no?

El resultado me inspiró a iniciar mi entrenamiento de manera correcta. Entrenaba cinco días a la semana y hacía ejercicio todos los días para lograr una condición física impecable.

Desde esa época me acostumbré a no consumir alcohol y no salir de fiesta, pues son excesos que no son compatibles con éste o cualquier otro deporte. Desde entonces es una de mis normas de vida.

Buscando destacar en el kartismo, decidí viajar a Monterey, California en Estados Unidos para estudiar más sobre automovilismo en la escuela “ Skip Barber Racing School ” donde aprendí principios básicos relacionados con transferencias de peso, mecánica, “grip” de llantas y un montón de cosas más.

Al terminar mi primer año de entrenamiento, me inscribí en la Categoría A, con pilotos de más experiencia. Y ahora sí quedaba en los primeros 10 lugares. Avancé rápido. Pasé de ser aficionado de Go-Karts a convertirme en un competidor serio y fui campeón nacional dos años seguidos. Esto me llevó a recibir mi primer patrocinio por parte del periódico de Guadalajara “El Informador”.

Después del kartismo pasé a la Fórmula 3 rentando un automóvil que no estaba en las mejores condiciones. Esto me costó más trabajo porque el equipo que necesitaba era completamente diferente. Aprendí mucho de esta etapa, pero decidí moverme a la Fórmula Renault en el 2002, comprando mi propio vehículo para no cometer los mismos errores.

La primera temporada fue difícil, pero en la segunda, gracias a mis logros, fui invitado a correr para el Equipo Corona donde junto a un gran equipo comencé a dar mejores resultados que antes.

Así inicié un carrera que me llevó en muy pocos años a ser 3 veces campeón nacional en la Fórmula Renault, teniendo mi propio equipo ahora patrocinado por Samsung, Corona y El Informador. Además me dio la oportunidad de codearme con pilotos increíbles como Checo Pérez, quien junto con su padre, el Sr. Antonio Pérez, tuve la posibilidad de entablar una fuerte y sincera amistad que me llevó a conocer otros aspectos del automovilismo.

Esta etapa de mi vida fue como si hubiera hecho una maestría en ingeniería donde además desarrollé fuertes habilidades de concentración, liderazgo y trabajo en equipo.

Una difícil decisión

Durante un viaje que hice a la Cd. de México en el 2002, me reuní con un amigo de la infancia, quien me comentó que estaba buscando a una persona en Guadalajara que le ayudara a ubicar terrenos y realizar diversas diligencias porque tenían en mente construir un conjunto de tres edificios justo en frente de lo que ahora es Andares.

Yo aún estaba en la Fórmula Renault y me iba muy bien. La gente ya me ubicaba y mi reputación como piloto iba creciendo. Pero algo dentro de mí quería un nuevo reto, una nueva aventura. Así que decidí asociarme con mi amigo y mientras él se concentraba en los inversionistas y otras tareas que se podían hacer desde la Cd. de México, yo me hacía cargo de ubicar terrenos, realizar trámites con las autoridades y en general aspectos de operación que requerían un buen conocimiento de cómo se hacen los negocios en Guadalajara.

Combinar ambas actividades no fue fácil, pero logré conseguir un terreno donde se construyeron los edificios Aura I, Aura Latitud y Aura Lofts, los más altos de Guadalajara en su momento.

Pasaron algunos años, y en la temporada del 2004 de Fórmula Renault, comencé a pensar en retirarme del mundo del automovilismo.

Después de unas semanas de reflexionar, concluí que la vida me había preparado para lo comercial, después en aspectos de ingeniería y luego en las construcciones verticales. Otras aventuras fuera de la pista me llamaban. La industria inmobiliaria era mi nuevo reto.

Así fue como luego de tres años de intenso aprendizaje en el complejo Aura, decidí vender mi participación accionaria al resto de los socios. Me di cuenta que tenía menos de 30 años y suficiente capital para invertir en algo propio.

En el 2005, tomé una decisión fundamental en mi vida: continuar en los desarrollos verticales fundando el Grupo Vertical Quality (VEQ).

¿Poner ladrillos o construir comunidades?

Cualquier desarrolladora inmobiliaria puede poner ladrillos para construir edificios, pero yo estoy convencido que lo mejor es construir comunidades para mejorar la calidad de vida de las personas. Con este objetivo en mente fundé Grupo VEQ en el 2005.

Aprendizajes de vida

Creo firmemente en que el ser humano está en el mundo para construir, ya sean relaciones sociales o de negocios, construir vínculos emocionales con otras personas, construir comunidades e incluso construir edificios. La edificación es parte de mi vida y yo busco edificar un mejor mundo para mí y los que me rodean.

En el 2006 formé una asociación llamada “GIP: Grupo Innovación del Pensamiento” e invité a un grupo de amigos a participar en ella. La intención del GIP era generar bienestar para el planeta. Desarrollé un plan de trabajo con el objetivo de tener una causa social, infuencia en la educación y a futuro no descartaría apoyar iniciativas de gobiernos o particulares en benefcio de la sociedad.

El primer proyecto de GIP fue crear una comunidad de personas de la tercera edad para ayudarlos a ser autosustentables y productivos. Con el paso del tiempo, Grupo Innovación del Pensamiento comenzó a buscar fórmulas propias y sumarse a otros esfuerzos sociales. Lo que aprendí de estas iniciativas sociales, junto con las habilidades, actitudes y aptitudes
que adquirí durante mi etapa como automovilista, me han formado como ser humano, como esposo, como hijo, como amigo y como profesional. Y esto es algo que quiero transmitir a las nuevas generaciones.

Como parte de mis proyectos flantrópicos personales, he sido consejero de diferentes proyectos educativos de nivel preescolar, básico y medio. Me he impuesto, entre otras misiones en la vida, el apoyo irrestricto y desinteresado a la educación de calidad en forma paralela a mi vida profesional.

Además, mi dedicación al cuidado de mi alimentación desde mis épocas de automovilista, me han llevado a incursionar en la industria alimentaria vegetariana y en muchas otras iniciativas pro-bono en torno a la superación personal y profesional.

De las cuatro etapas que hasta ahora conforman mi vida: el comercio de relojes y joyería finas, el automovilismo, la industria de la construcción y actualmente la búsqueda complementaria a mi vida profesional de proyectos flantrópicos, sin duda la que me trae mejores recuerdos es el automovilismo, de ahí que con mucho cariño he preparado este blog para compartirles mi pasión y me gustaría mucho que este sea el inicio de un diálogo de amigos que dure muchos años.